viernes, 1 de agosto de 2008

Mejor no preguntes…

-¿Mamá?

- Dime hijo.

- No entiendo una cosa…

-¿Qué es lo que no entiendes hijo?

- Veras… Si papa es una tuerca y tu una rosca ¿Por qué yo soy un tornillo?

© Richard Archer - 2008 (Todos los derechos reservados)

Morir de Amor

“Me quiere… no me quiere…” Iba diciendo la tortolita, mientras deshojaba una a una las hojas de la margarita. Tal era su estado estúpida ensoñación que no percibía los horrendos gritos de dolor de la sufrida florecita.

© Richard Archer - 2008 (Todos los derechos reservados)

Cordón Bleu

En un canapé depositó cristales triturados, en un par fragmentos de herrumbre, en otro una cuchilla, en otro unas gotitas de cianuro, en dos más inyecto virus de Ébola, en el resto escupitajos, mocos, pelos y fluido de pústulas...

Se sentó sobre el taburete y contempló su obra, aquella era una apuesta arriesgada pero seguro que la critica volvería a considerarle (como siempre hacían) un genio, el dios de un nuevo estilo de cocina.

Se levantó muy feliz tomó la bandeja y salió raudo ante su público que le esperaba ansiosos por ser los primeros (y últimos) en probar aquellas maravillas.

© Richard Archer - 2008 (Todos los derechos reservados)

Carpetazo

Se cansó de estudiar. Estaba harta de algebra, de aritmética, de historia, de geografía y de ciencias naturales. Guardó todos los apuntes en la carpeta. Se sentía asqueada y de muy mala leche. Aquello era todo una puta mierda y refunfuñaba para sus adentros que aquello no servía absolutamente para nada. Cerró la carpeta de golpe, con violencia, descargando con ese gesto toda su ira. No se dio cuenta que con ese acto había aplastado el cuerpo de una pobre hormiguita que, hacendosa y feliz, llevaba, para guardar en el almacén, una miguita de madalena.

© Richard Archer - 2008 (Todos los derechos reservados)

miércoles, 30 de julio de 2008

El Tropezón del Cuento

Estornudó y entonces el cuento comenzó a narrar que un pezón soltaba burbujitas en una sartén mientras una bañista roja, muda, pero dichosa, perdía el conocimiento sobre un proyectil bajo la sombra de la bahía. La pobre se había perdido con tantos cangrejos en el trapecio.

El pez dejó de leer. Bajó de la red y fue a preguntar a las gambas rojas, con el libro abierto. Estas como no sabían leer ni escribir no pudieron ayudarle y se fueron todas al circo. Fue al tratar de cerrarlo cuando se dio cuenta de lo que había pasado. Con el estornudo las palabras escritas con fichas de Scrabble se habían movido creando aquel extraño y embarazoso galimatías léxico. Ahora casi todas yacían sobre el suelo. Eso sí, algunas se habían quedado pegadas a la pagina gracias a los mocos.

Al leerlas decía algoa así: jr Da utiáfu dier ,. , Ja dosi eláel

© Richard Archer - 2008 (Todos los derechos reservados)

El Cuento Tropezón

Se agitaba convulso junto a la red de seguridad balbuciendo palabras inconexas y diminutas burbujitas. Le dolía la cabeza como si le hubieran golpeado con una sartén.

Momentos antes subía feliz y dichoso hacia el trapecio cuando su mirada alcanzó a ver el generoso escote de una bañista con cara de pez y quedó atrapada en aquella prisión.

Distraído, perdió pié y se precipitó como un proyectil contra el duro suelo del Circo Bahía. Fué tan fuerte el impacto que una docena de turistas, rojos como cangrejos, salieron despedidos fuera de él.

© Pep Bussoms - 2008 (Todos los derechos reservados)

El Cuento del Pez y el Pezón.

Nadaba bajo el agua soltando diminutas burbujitas. Tan feliz y dichoso era que no vio el pezón de la bañista abalanzarse, desde la superficie, como poderoso proyectil hacia él. Fue tan fuerte el impacto recibido que el pez perdió el conocimiento y fue a parar al fondo rocoso de la bahia donde una docena de cangrejos se lo zamparon sin hacer uso de la sarten.

© Richard Archer - 2008 (Todos los derechos reservados)

El Cuento Pezón

Se agitaba bajo la red balbuciendo diminutas burbujitas. Tan feliz y tan dichoso que apenas alcanzaba a ver la sombra que sobre él se cernía. Confiado, se dejó coger, se dejó abrazar por una tierna prisión. No sabía leer, no sabía escribir, no sabía hablar, pero una sabiduría misteriosa le decía que había llegado la hora de merendar.

© Pep Bussoms - 2008 (Todos los derechos reservados)

martes, 29 de julio de 2008

El Cuento Pez

Nadaba bajo el agua soltando diminutas burbujitas. Tan feliz y tan dichoso era que no alcanzó ver la red que sobre él se cernía. Como una extraña prisión al fondo de la sartén le llevaría.

© Richard Archer - 2008 (Todos los derechos reservados)

Divorcio

¡¡¡ Sal de mi vida y entra en mis pesadillas !!!

© Pep Bussoms - 2008 (Todos los derechos reservados)

lunes, 28 de julio de 2008

¿Libre?

Anhelaba la libertad, su lucha de toda la vida era en pos de ella, pero no la encontró hasta despues de mucho tiempo.
De niña, adolescente y joven, siempre luchó contra una familia controladora y opresiva que la asfixiaba y no la dejaba vivir con la libertad que ella deseaba.
Se revelaba en la medida de sus posibilidades, pero nunca era suficiente lo que conseguía.
Pensó que con el tiempo y la perseverancia lograría su objetivo:La Libertad, con mayúsculas.

Se enamoró de un buen hombre que la entendió y le dio todo. Se casaron, y durante un tiempo vivió feliz y libre al lado de su marido.
Después llegaron los hijos, los problemas del día a día, las pequeñas dificultades para llegar a fin de mes y la monotonía de la convivencia, volvía a sentirse atrapada. Sin saber muy bien en que momento había vuelto a perder la libertad.
Pensó que la vida era realmente así, que nadie se sentía libre totalmente. Todos tenían sus ataduras, sus trabajos, sus familias e incluso las hipotecas les tenían atrapados, pero ella no quería resignarse a ser una más, a ser absorbida por "la vida".
Por un momento pensó en abandonar su lucha.
Un día empezó a fantasear con lo que habría sido su vida si hubiese sido totalmente libre, la verdad es que pensándolo bien se habría casado con su marido y habría tenido a sus hijos, seguramente habría hecho todo igual y llevaría una vida muy parecida, sin embargo, donde estaba el fallo, donde estaba ese punto que lo hacía todo distinto?
De pronto se dio cuenta de su gran error, que no era otro, que el haber vivido su vida libremente sin darse cuenta, obsesionada con una libertad ficticia e idealizada, de la que había estado mas presa, que de cualquier otra cosa.
Así en plena madurez descubrió que la libertad estuvo allí siempre a su lado y no supo disfrutarla.
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El advenimiento

Llegaron de todas partes. Millones de ellos. No faltaba nadie, allí estaban todos los que eran. Fue un peregrinaje silencioso, en el sentido que nadie del resto del mundo sabía que se iba a producir tal acontecimiento. Sólo ellos, los elegidos, los que habían sido testigos, los que sabían más de la cuenta estaban allí reunidos. Así se lo habían comunicado y solicitado los "Hermanos del Espacio". Cada continente tenía su punto de encuentro. En America eligieron las llanuras de Wyoming; en Europa era cerca de Gorlicki, Polonia; en Asia a quinientos kilómetros de Ulaambataar, Mongolia; en África en una llanura alejada de la civilización cercana a Niamey, Níger y en Oceanía a trescientos kilómetros al norte de Alice Springs.

Aparecieron cuando acabó de llegar el último de los contactados. Una por cada lugar de encuentro. Lo hicieron en silencio, algunos esperaban un juego de luces que tiñese de un brillo inusual el amplio marco del cielo ya fuese de día o fuese de noche. Pero no fue así.

Los contactados contemplaron el descenso de las naves sin musitar palabra. Así eran las reglas y así deberían de cumplirse para que todo fuese bien. Algunos hacían fotos, otros filmaban video, otros se abrazaban y lloraban emocionados. Para ellos era el día más feliz de su vida, en algunos casos era un día en el que la verdad, tanto tiempo oculta por oscuros intereses lograba salir a la luz.

Las grandes naves circulares permanecieron unos minutos sobre todos ellos, sin hacer absolutamente nada espectacular. Solo girar lentamente sobre sí mismas y soltar algún que otro centelleante destello, tan leve como el de un flash de una cámara. Todo el mundo esperaba. Muchos de ellos pensaban que "Los Hermanos de Espacio" habían venido a recogerlos y portaban en sus espaldas y manos todo tipo de equipaje.

De repente las naves comenzaron a girar muy rápidamente, sobre sí mismas. A unos escasos cien metros del suelo, sincronizadas unas con las otras. Emitían un sonido parecido a un zumbido intenso y grave pero nada molesto. Los congregados no se apartaron de ellas en ningún momento. No había que tener miedo. Habían venido en son de paz...

Nadie en toda el planeta se dio cuenta de las implosiones. Ni los contactados ni los foráneos. Fueron tan silenciosas como eficaces. Las naves cumplieron su cometido y limpiaron la faz de la tierra aquellos que habían sido alguna vez testigos de su presencia a lo largo de los últimos 70 años de la historia de la humanidad. No quedó nada de nadie en los puntos de reunión, ni siquiera pertenencias. Nada que fuesen para ellos un incordio y que hubiese puesto en peligro su anonimato . Era como si hubiesen activado un enorme aspirador y se los hubiese tragado la tierra. Bueno en teoría no era así. Ahora todos los contactados no eran más que moléculas microscópicas que flotaban en la inmensidad del espacio.

© Richard Archer - 2008 (Todos los derechos reservados)

viernes, 25 de julio de 2008

Miedo irracional

Cada vez que bajaba al garaje para coger el coche experimentaba la misma sensación de miedo inexplicable.
Iba dando todas las luces hasta llegar a su coche, habría la puerta rápidamente y se metía en el a toda prisa.
Cerraba por dentro con los seguros y arrancaba el motor a toda velocidad.Estaba convencida de que había algo allí abajo que la observaba y la aterrorizaba.
Nunca se atrevió a contárselo a nadie por que tenía miedo de que la tomasen por loca, ademas no tenía pruebas de lo que intuía , era solamente eso una intuición.
Tenía muy claro que si algo se interponía en su camino pisaría el acelerador a fondo y se lo llevaría por delante.
El peor momento era cuando tenía que bajar la ventanilla para introducir la llave de plástico y abrir la puerta de salida del garaje. Lo hacía siempre lo justo para que le cupiese el brazo a través de ella, pero con una sensación de miedo que le recorría el cuerpo con un escalofrío.
Aquella mañana de diciembre era fría y con niebla, pero a pesar de ello cuando comenzó a bajar las escaleras hacia el interior del garaje, empezó a sudar, pensó en regresar sobre sus pasos, pero al mirar atrás todas las luces que había encendido se habían apagado ya, maldijo a los temporizadores y al ahorro de energía y continuó su camino en una carrera hacia su coche.
Como de costumbre subió, dio un portazo, echó los seguros y arrancó el motor.
Justo cuando se dirigía hacia la salida, vio a un hombre que se dirigía hacia ella corriendo y agitando algo en su mano.
Aterrorizada pensó que iba a atacarla con algún objeto y tal como tenía decidido para cuando llegara ese momento, pisó a tope el acelerador y se lanzó contra su agresor.
Con el impacto el hombre salió despedido por los aires y lo que llevaba en la mano terminó impactando sobre el cristal delantero del coche. Cuando ella lo miró con atención descubrió que se trataba del maletín de su ordenador portátil, y comprobó horrorizada que el hombre que yacía en el suelo era su marido.
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miércoles, 23 de julio de 2008

Vecinos

Nuestro piso es tan pequeño que compartimos cama con el vecino y su mujer. Medio baño es suyo por lo que siempre, por las mañanas, se hacen colas interminables para ducharse, o para hacer aguas mayores o menores. La cocina es espaciosa y casi cada uno tiene la suya, aun así nos corresponde fogón y medio que causa más de un conflicto, sobre todo los domingos cuando ambas familias hacemos cada una nuestra propia paella.

Mi hija tiene que dormir como un cuatro en su cama porque el hijo del vecino ocupa la otra mitad. Tendemos la ropa a medias y usamos dos lavadoras, una apilada sobre la otra. Lo único que es de uso privado en ambas casas son la puerta de acceso y salida, el recibidor, el salón y el balcón.

Lo más curioso es que después de tantos años conviviendo juntos no somos unos vecinos tan unidos como parece. No solemos hablarnos mucho. Sólo saludarnos por la mañana o cuando nos cruzamos en cualquier rincón. Somos como podrías ser tu o yo: cada uno en su casa viviendo su vida por su propia cuenta.

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lunes, 21 de julio de 2008

Lo más absurdo

-¡Hoy queremos ir intercambiados! – Exclamaron los dos zapatos a su dueño.
-Eso no puede ser. Es incomodo y me haríais daño. Además estáis fabricados para ir en su pie correspondiente.
- ¡Pues si no nos quieres llevar intercambiados te jodes y vas a la calle descalzo!

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Lo uno por lo otro

Por fin lo tenía decidido. Ya estaba harta de todo. Se cortó de un sólo tajo las venas de la muñeca izquierda y comenzó a sangrar de forma profusa. Sintió como el calor y con ello la vida se le escapaban por la mano. Estaba cada vez más mareada y débil. Miro hacia el suelo. De repente le entró un cabreo de tres pares de cojones al ver como estaba manchando de sangre el suelo recién fregado.

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Amor sin condiciones

Tenía tanta hambre... pero su amor por Hanna era tan grande que sobresalía por encima de todas las cosas. Se acercó a ella y le entregó su ración diaria. Ella ni le dio las gracias. Él no se lo tuvo en cuenta. Se sentó frente a ella. Verle comer el mendrugo de pan le hizo el hombre más feliz del mundo.

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domingo, 20 de julio de 2008

Rosas para Laura

Cada día buscaba un lugar apartado y poco transitado del parque, sacaba su pequeña navaja del bolsillo de su pantalón, y seleccionaba a su "victima".
Desde que se jubiló su vida era bastante monótona, Laura, su esposa apenas si podía salir de casa, una enfermedad degenerativa en los huesos la tenía casi inmovilizada.
Jaime solía hacer la compra y los recados por la mañana y regresaba a casa pronto para ayudar a preparar la comida, después de comer solían ver juntos la televisión o leían un rato.
A lo que no faltaba nunca era a su paseo por el parque a media tarde.
Cuando le veía prepararse para salir, Laura le decía:
-No lo hagas Jaime, no soportaría que te pillasen, imagínate el bochorno si te cogen haciéndolo.
Pero él no respondía, sonreía, le daba un beso en los labios y se marchaba.
Al regresar a casa, su mirada pícara le decía a Laura que había vuelto a hacerlo mucho antes de que sacase de dentro de su chaqueta su preciado botín.
Cuidadosamente puso en el regazo de su mujer una hermosa rosa de color carmesí y de fragancia exquisita.
Laura la tomó en su mano y la estuvo admirando en silencio, luego la olió, miró a Jaime y le dijo:
-Hoy te has superado, es mucho mas bonita que la de ayer.
El le sonrió y con una mirada llena de amor le respondió:
-¡Tu siempre te mereces la mejor de todas!

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¿Un sueño?

Le vió, era el hombre que amaba, sus manos, su boca, su mirada, esas orejas que tanto le gustaban...pero al llegar a su cabeza, se dió cuenta que tenía pelo, aunque ya asomaba por su frente, las entradas de lo que sería una calva....dejó de mirarle, y soñó, que tal vez hoy, si su edad no fuera un problema, él sería al que se uniría eternamente.

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viernes, 18 de julio de 2008

Quería ser feliz

Buscaba la felicidad, la llamaba por todos los rincones de su alma, la deseaba con todas sus fuerzas, pero no era escuchado.
Cuando parecía que la tenía justo rozándole el corazón siempre se esfumaba, por una u otra razón, se sentía desdichado.
Centró su vida en la búsqueda de su anhelada felicidad, tanto que se olvidó de vivir para si mismo.
Una noche cansado de perseguirla decidió abandonar, ya no se sentía con fuerzas para continuar, apagó la luz del dormitorio y se dedicó simplemente a dormir, sin mas.
Al despertar con el amanecer se sintió a gusto consigo mismo y feliz, por fin había encontrado lo que tanto había deseado, y habría sido el hombre mas feliz del mundo de no ser porque se dio cuenta de que en su búsqueda había empleado casi toda la vida.
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